lunes, 14 de junio de 2010

El judeoespañol

JUDEOESPAÑOL s.m. Dialecto del castellano hablado por los judíos sefardíes expulsados de España (1492) y sus descendientes. SIN: ladino.
ENCICL. Los judíos españoles, expulsados por los Reyes Católicos en 1492, se dispersaron por Europa, África y el Mediterráneo oriental, entonces bajo el dominio otomano. En el imperio otomano desarrollaron importantes comunidades sefardíes, en las que se conservó esta variedad del castellano. La dispersión de las comunidades sometió a los hablantes de cada una de ellas a distintas influencias, por lo que, en la actualidad, pueden apreciarse diferencias entre el judeoespañol de los que se establecieron en Europa o en Asia Menor, Siria o Egipto. Los acontecimientos subsiguientes a la segunda guerra mundial han determinado un cambio importante en el mapa de la distribución de los nucleos sefardíes.


Diccionario Enciclopédico Larousse


El judeoespañol o sefardí es el español hablado por los judíos expulsados de España en tiempos de los Re­yes Católicos; es una preciosa reliquia del español del siglo XV amorosamente conservado y transmitido a su descendencia; decía Dámaso Alonso que es como si se hubiera conservado, en vaso alcohol, una muestra de la lengua de esa época. Sefardí es el adjetivo del término hebreo Sefarad, que designa a España. La nota más característica del judeo-español y que llama la atención es su extraordinario arcaísmo; al romperse bruscamente la conexión con la metrópoli, no experimenta los principales cambios evolutivos que la lengua va sufriendo desde el momento de la expulsión y se conserva tal y como se hablaba en el momento de su salida.
La mayor parte de los judíos expulsados se asentó, después de sufrir diferentes azares, en diversos puntos del norte de África y del Mediterráneo Oriental, y tal fue su fidelidad a la lengua de Castilla, que todavía se mantiene entre sus descendientes en tierras africanas, en Grecia, Yugoslavia, Bulgaria, Rumania, Turquía, América y, sobre todo, en Israel. Aquel su español continúa en uso en las comunidades sefardíes, incluso en las que se instalaron en el Nuevo Mundo y hasta se ha extendido a judíos de otras procedencias. Los judíos siempre conservaron con ahínco sus tradiciones; permanecen en su memoria romances y dichos antiguos que se fueron olvidando en la Península. Así, cuando recitan viejos poemas españoles que conservan tenazmente a través de los siglos, se oye la lengua de Nebrija.
El rasgo más característico del judeoespañol es su acentuado arcaísmo vi­sible en la morfología -so, estó, por soy, estoy-, en el léxico -agora, mansebu, preto, por ahora, joven, negro-. Otras como harnareta 'habitación', adobar 'preparar', fadar 'destinar, lograr' topar-, que en España son de empleo literario o restringido, corren con todo vigor en judeo­español; y más aún en su sistema fonológico, que no evolucionó -como en España o América- y viene a ser prácticamente el mismo que el del español del siglo XV. [...]
Aunque al principio los sefardíes se agruparon según las regiones españolas de origen y aunque subsisten variedades de pronunciación y vocabulario, se ha llegado a una mezcla lingüística inteligible para todos; las diferencias son mayores en el habla familiar. No obstante, obsérvase en la actualidad un rápido proceso de decadencia, motivado entre otras cosas por el influjo de las lenguas vecinas -turco, árabe, eslavo, griego...­ y por la desaparición de muchas de las comunidades judías a raíz de la segunda guerra mundial. Temeríamos que sobreviniese la ruina de esta preciosa supervivencia, si el tenaz apego de muchos sefarditas no obligase a mantener esperanzas.
Los escritores que aún quedan en esta lengua se concentran en Israel, algunas zonas de Argenti­na, Grecia y Turquía, la mayo­ría de ellos escriben una poesía tra­dicional, romances, historias muy familiares y “cantigas”. Y muchas universidades se dedi­can a estudiar y enseñar el ladino en todo el mundo. Hay un gran interés en el ámbito académico por esta lengua, de ahí los estudios que se hacen sobre textos sefardíes. Pero quie­nes verdaderamente mantienen viva esta lengua son los más de 250.000 judíos sefardíes que la uti­lizan en su entorno familiar. Se duda si el ladino continuará en Israel tras las campañas que se han hecho para imponer el hebreo, pero actualmente se está intentando vigorizar y recuperar las lenguas y culturas de los diferentes reductos de la comu­nidad judía.

Camila Valverde Mudarra, "El judeoespañol", en El antisemitismo [sitio web]



Al tiempo de la Inkizision Espanyola, un djidio, ke los papazes avian konvensido con las buenas i con las "negras" a baftizarse, estaba asentado a la meza komiendo, viernes en medio día, kuando entró el papaz, ke estaba aziendo un djiro de inspeksion.

En efekto los papazes usaban ir a kontrolar si los djidios konvertidos se komportaban sigun las reglas de la nueva religion. Dunke el papaz entró y kualo vieron sus ojos? El djidio (ke ya no era mas djidio), esta asentado a la meza, enfrente de un buen poyo asado.

"Ma komo?", le disho el papaz, "estas comiendo karne oy? En día de viernes? No saves ke es defendido?". A esto el djidio respondio "Esto no es karne, es pishkado." "Komo?", le disho el papaz, "No eshtoy viendo yo ke es karne?". "No", le reshpondio el djidio. "Esto era karne, ma agora se izo pishkado", "Komo?", le respondio el papaz. "Muy simplemente; le echí enriva un poko de agua salada, le izi la de kuatro tres veces, y le dishi: "Eras karne i te izites pishkado; eras karne y te izites pishkado; eras karne y te izites pishkado. I se hizo pishkado, y agora es pishkado! Propio como me izites a mi kristiano, en baftizandome kon unas kuantas gotas de agua santa."

"Una conseja", en Akí Yerushalayim [revista], apud Relaciones [Revista online]

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