Laocoonte [...] es el sacerdote de Apolo Timbreo, en Troya. Su esposa es Antíope, la cual le dio dos hijos, Etrón y Melanto [...]. Laocoonte se atrajo la cólera del dios al unirse con su mujer ante la estatua consagrada, lo cual constituía un sacrilegio.

Cuando los griegos desembarcaron en Troya, los troyanos habían lapidado al sacerdote de Posidon con el pretexto de que no había sabido obtenet, mediante sacrificios, la protección de este dios, ni tampoco impedir la llegada de la flota enemiga. En el momento en que los griegos simularon el reembarque dejando un caballo de madera en la playa, los troyanos encargaron a Laocoonte que ofreciese u un sacrificio a Posidón con el ruego de que acumulase tempestades en la ruta de las naves enemigas. Pero cuando el sacerdote se disponía a inmolar al dios un toro gigantesco, dos enormes serpientes salieron del mar y se enroscaron en sus dos hijos. Laocoonte corrió en su auxilio, pero los tres perecieron ahogados por los monstruos, los cuales fueron luego a enroscarse al pie de la estatua de Atenea, en el templo de la ciudadela. Ante este prodigio, los troyanos recordaron que Laocoonte se había opuesto a que se introdujerse en la ciudad el caballo abandonado por los griegos, había aconsejado quemarlo e incluso había disparado contra el una jabalina, que, al hacer resonar el vientre de la estatua, había revelado que era hueca. Creyeron que la muerte de laocoonte era un castigo por este acto sacrílego -cuando, en realidad, Apolo vengaba otro sacrilegio: la profanación de su templo-.
Pierre Grimal, Diccionario de mitología griega y romana.
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